La vida digital viene sin manual de instrucciones

Si bien la vida real sigue y seguirá siempre sin poder guiarnos por un manual de instrucciones, en el camino hacia la “mutación a una vida digital” en la que, de un modo u otro, estamos todos inmersos, sí podemos definir e implementar una serie de pautas y comportamientos para que se convierta en el complemento perfecto de nuestra vida real.

Susana Gonzalez Estrategia Digital
Susana Gonzalez Estrategia Digital

No son instrucciones fáciles de seguir en su totalidad, sin embargo pueden ser lo suficientemente importantes como para justificar algunos esfuerzos de nuestra vida real por y para nuestra vida digital, como el de resistir a la tentación de tomar siempre el camino más fácil, viéndonos empujados casi siempre, fuera de nuestra zona de confort y estableciendo la disciplina necesaria para romper viejos hábitos y crear otros nuevos.

Hoy entro al trapo del #RetoBlog de mi amigo Francisco Rosales que plantea si existe o no la “identidad virtual”, qué es en ese caso, y si es algo distinto a la identidad real y qué normas debieran regularlo. Pues bien, no voy a entrar a normativa que bien analiza Paco, sin embargo doy respuesta afirmativa: Existe identidad virtual, no siempre coherente con nuestra identidad real y de ahí determinados riesgos de la red; siendo no sólo lo conveniente trabajar dicha coherencia para fortalecer nuestra marca personal, sino para apartarnos de las identidades virtuales altamente peligrosas y delictivas.

Y apunto alguna cuestión quizás menos jurídica y sí más mundana que creo importante considerar en torno a nuestra identidad virtual y vida digital:

Lo ideal sería crear un plan de acciON que analice nuestra vida digital: definir las actividades en los términos más específicos posibles e incorporar un calendario concreto para cada actividad.

Determinación de un Plan de Estrategia Digital

Estrategia digital Susana González
Estrategia digital Susana González

La tecnología es un medio para un fin, no un fin en sí mismo. Nunca está de más recordarlo. El establecimiento de una marca personal digital ha pasado de ser una novedad absoluta y arriesgada, solo al alcance de unos pocos adelantados, a convertirse en una opción básica y habitual para profesionales y organizaciones de cualquier tipo y tamaño.

No existe una estrategia única para todos al hablar de presencia online o marca/huella digital o identidad digital. Cada uno de nosotros debe desarrollar la estrategia que mejor se adapte a sus metas y objetivos individuales y, desde luego, a su particular gestión. Un buen comienzo, pasaría por plantearnos ¿Qué quiero lograr este año? O este mes, o en mi vida; es necesario determinar un espacio temporal al que referirnos. Y ¿Cómo pueden la tecnología, la digitalización y la socialización ayudarme a lograr ese objetivo?.

Una vez establecido ese objetivo global, es importante profundizar en esas respuestas para desarrollar acciones específicas, valorando lo que puede necesitar nuestra presencia digital para fortalecerse y dónde debemos reducir nuestros esfuerzos.

Esta última cuestión es vital. Todos somos conscientes, o deberíamos, de que tenemos un tiempo  y un ancho de banda mental limitados. A medida que aumentamos nuestros compromisos en ciertas áreas, necesitamos reducirlos en otras, o no nos dará la vida!. Es imposible hacerlo todo y llegar a todo. Especialmente en la red infinita que supone internet, de manera que tenemos, imperativamente, que concentrarnos en optimizar nuestras acciones digitales y enfocarlas solamente en aquellos aspectos que sumen valor a nuestro propósito.

Establecer y mantener nuestra huella digital

Una presencia digital potente no significa que deba ser más grande sino bien planificada, gestionada o ejecutada. Y esto, en muchas ocasiones, pasa por una reducción de nuestra presencia online para optimizar su resultado.

Abrir y mantener un sitio web o un blog, por ejemplo, requiere un gran compromiso permanente y un enorme esfuerzo que es posible no compense el tiempo que le debemos dedicar. Es posible crear una imagen potente sin esa necesidad y ese compromiso.

Usando nuestra pre-definida estrategia como guía y teniendo en cuenta que la calidad es más importante que la cantidad, hay una serie de medidas que podemos tomar para optimizar la relación esfuerzo/rentabilidad de nuestra presencia online:

  • Determinar cuál será nuestra principal carta de presentación: sitio web, blog, perfil de LinkedIn…. Una vez decidido esto es importante asegurarnos de que refleja fielmente y con precisión nuestra identidad profesional, nuestros valores y metas.
  • Revisar el resto de perfiles sociales y digitales para asegurarnos de que proyectan con coherencia la imagen con la que queremos presentarnos y vamos a ser capaces de mantener.
  • Cancelar todas las cuentas en redes sociales que ya no usamos o que no están proyectando esa imagen proyectada, o diferenciar ostensiblemente las cuentas personales de las profesionales, incluso en su configuración de privacidad.
  • Buscar en Internet cualquier información sobre nosotros y tratar de aclarar/rectificar la mayor cantidad de puntos no deseados posibles (por ejemplo, información pública que pensabas que era privada).

Protección de la privacidad y seguridad

La protección de nuestra privacidad y seguridad debería ser un objetivo prioritario para cualquiera. Evidentemente cada quien tiene un concepto de privacidad particular y lo que para unos puede ser información sensible para otros puede no tener la menor importancia. Así, siempre y cuando seamos conscientes de los riesgos a que nos exponemos y decidamos actuar en consecuencia, todo lo que hagamos estará bien para nosotros mismos.

Si nuestra idea es no leer hasta la última palabra de todas las políticas de privacidad o términos y condiciones de cada sitio web que visitemos, al menos deberíamos asegurarnos de entender cómo funcionan las cosas, cuáles son los riesgos de la exposición y cuáles son nuestros derechos y responsabilidades digitales.

No obstante, debemos aplicar una serie de medidas básicas para proteger nuestra privacidad tanto como decidamos. Insisto, depende de una decisión individual:

  • Controlar la privacidad y visibilidad de nuestras redes sociales siendo conscientes de lo que en ellas publicamos y valorar las consecuencias de su exponencial difusión.
  • Mantener cerradas las sesiones de las cuentas o redes (especialmente en el caso de Gmail / Google).
  • No almacenar credenciales de acceso o información de tarjetas de crédito en los sitios web. Es más cómodo dar la instrucción de que nos recuerde la contraseña, sí. Sin embargo, es más arriesgado. Nosotros decidimos entre comodidad y seguridad.
  • No utilizar el correo electrónico de trabajo para asuntos personales.
  • Desactivar el GPS en los dispositivos móviles si no lo necesitamos y negar el acceso a la ubicación para aplicaciones y sitios web siempre que sea posible.
  • Limitar nuestra actividad a través de WiFi gratuitas a actividades de bajo riesgo.
  • Usar contraseñas fuertes y distintas para cada red social o cuenta de correo y habilitar la verificación en dos pasos siempre que sea posible en todas aquellas que nos ofrecen esta opción.

Ser digital no significa barra libre para todo: seamos cultos digitales.

Tener una adecuada cultura digital nos debería obligar a prestar atención a cosas que, si bien en el mundo real siempre han sido fundamentales, parece que en nuestra versión 2.0 las dejamos relajarse, todavía escudados en ese aparente anonimato de mostrarnos detrás de un sistema informático como si con ello no estuviéramos dando la cara.

  • Deberíamos pensar varias veces cuanto decimos y a cuanto nos comprometemos ante causas que quizás se escapen de nuestras manos, o denoten claramente que no nos hemos informado suficientemente de sus consecuencias, valorar posibles malentendidos o consecuencias indeseadas de una errónea interpretación de lo que publicamos.

¡¡Por la gloria de nuestra identidad digital… debemos leer antes de compartir!!

  • Utilizar adecuadamente los hashtags en función de la red en que nos encontremos, de acuerdo a los usos y buenas prácticas de comunicación.
  • Y cuidar la ortografía!!. Ser digital no quiere decir que podamos escribir como queramos. Una gran parte de la impresión que causaremos en el mundo online, en el que lo primero que verán de nosotros son nuestros contenidos, estará basado en la manera en que estén redactados, sean del tipo que sean. Y eso incluye, como máxima prioridad, la ortografía.

Implementar “descansos digitales”

Tener un adecuado y efectivo compromiso con lo digital pasa por saber cuándo se debe parar. En ocasiones, estos descansos son cortos, como cuando estamos en una reunión, por ejemplo, en una cena con amigos o simplemente caminando con nuestros hijos.

Sin embargo, necesitamos descansos digitales más largos para mantener, no sólo un equilibrio vital entre nuestro “dos mundos”, sino por garantizar nuestra propia salud mental.

Posiblemente no podamos abandonarnos a una oscuridad digital completa por un período prolongado, pero todos deberíamos hacer una desconexión digital de vez en cuando y, de manera imperativa, al menos dos veces al año.

El mundo no va a dejar de girar si durante unos días:

  • Lanzamos un “Twitter Off” (puede que de esto surja una batalla campal dada mi máxima de #AlwaysON, ya que soy la primera que debería poner esto en práctica y “desengancharme”) y a falta de dejar nuestro móvil apagado.
  • Damos de baja las listas de correo electrónico y silenciamos todas las notificaciones no vitales.
  • No entramos en las redes sociales de trabajo cuando no estamos “de servicio”.
  • Apagamos las notificaciones push en el móvil.

¿Qué os parece? ¿Lo intentamos? ¿Qué tal Paco, aceptas “pulpo” para el #RetoBlog?

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