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  • Susana Gonzalez Derecho Digital y Tecnológico

    Susana Gonzalez

Privacidad: con Periscope, la culpa ya no es del cha, cha, cha

Privacidad: con Periscope, la culpa ya no es del cha, cha, cha

¿La evolución de la privacidad nos convertirá en individuos  socialmente más responsables? ¿O vamos a seguir siempre echándole la culpa a algo?.

Controla tu privacidad en inernetHace unos fines de semana, leyendo “Desnudando a Google” de Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña, y su famoso “es más fácil ocultar una infidelidad a tu pareja que a Google” me hice un par de planteamientos: Uno, que ni a Google ni a tu pareja; y dos, que la culpa ha dejado de ser, para siempre, del cha cha cha.

Había hecho planes de bricolaje para el sábado. Bricolaje del duro, pintar una habitación entera y cambiar los muebles de una habitación a la recién pintada, montar una mesa nueva de Ikea (soy bastante irreverente y me llevo fatal con las instrucciones, hasta el punto de que cada vez que hago puré de patatas de caja tengo que mirar las cantidades y al final acabo haciéndolo a ojo).

Justo el viernes había recibido a un cliente bastante alterado porque su pareja le había dejado al pillarle besando a otra en una terraza “por culpa de Facebook”. “Me aseguré de que en esa terraza no había nadie conocido, tan sólo un grupo de extranjeros que yo no conocía de nada” me decía. Claro, no… él no les conocía de nada; pero cosas del social media, uno de los extranjeros era íntimo amigo del novio de la peluquera de su pareja, compartieron en Facebook una foto del grupo en aquella terraza y zas! Detrás del grupo estaba él besando a otra chica que no era su mujer, quien con esa foto se hizo con la verdad.

Esa gran verdad del universo tras lo que ya no vale un “ha sido una tontería, en serio que sólo te quiero a ti”, y no ya por falta de ganas de la mujer (esto es suponer), sino porque ha salido en Facebook!! Y por eso, es una verdad irrevocable, notoria y universal.

Ese mismo viernes por la tarde fui con mis hijos y sus amigos a una piscina. Es curioso porque los amigos de mis hijos preguntan cosas sobre sus descargas, aplicaciones, permisos … y me cuentan alguna anécdota. En absoluto soy de dar la chapa, pero sí de darles mucha información a mis hijos y, por lo que una vez me dijo mi hijo mayor, el pequeño va por ahí diciendo “es que mi madre de esto controla”.

El tema es que uno de ellos me preguntó si yo subiría a Instagram una foto que me mostraba, consciente al menos de que le arrojaba alguna duda. Era una selfie suya pero detrás esta vez aparecía una pareja como él dijo literalmente “pegándose el lote” en lo que para mí era un retoce en toda regla a plena luz del día y rodeados de chiquillos. Le dije que yo no la publicaría, que en realidad para hacer las cosas bien, cada vez que él publicara fotos suyas debía ser consciente de la exposición de su imagen para siempre, de modo que lo recomendable es publicar aquello de lo que hoy crea que siempre va a estar orgulloso; y de los terceros que puedan salir, que lo ideal (y legal) sería pedirles autorización, pixelarles o no sacarles.

Me llamó la atención que su respuesta fue afirmativa, si bien apuntó “la gente también debería ser consciente de lo que hace. Y si lo son y les da igual que les saquemos en cualquier foto?” . Y esto… me hizo pensar.

Decidí que ese fin de semana no iba a aparecer por las redes sociales (o al menos no mucho) y optimizar mi tiempo en el 1.0. Pero como siempre estoy ON y dejar de estarlo es casi un imposible (siempre saca uno un huequito para parar y echar un vistazo al muro, al timeline, o a contestar menciones de buen grado), tomé otra decisión. Hice un experimento. Pensé que quizás mientras activamente comparto en redes sociales no sería capaz de, a vista de águila, advertir qué puede extraer de las redes sociales un mero observador, mirón o cotilla sobre los datos que, en muchas ocasiones, con ligereza compartimos. ¡Y vaya si se extrae!.

Cosas que mientras estoy centrada en compartir contenido y conversar a menudo me pasan desapercibidas, ese día las vi muy claras.

Conocí al hijo de un seguidor en twitter “por culpa de Youtube” y descubrí las proezas del crío de tres años al más puro estilo del programa de TV “Vídeos de primera”. Siempre me he preguntado si esos vídeos en los que los bebés se pegan un tortazo monumental se consiguen grabar porque el padre está permanentemente grabando con la cámara, o porque una vez sucedió, el padre fue a buscar la cámara y le dijo al niño “otra vez!!” y así sucesivamente hasta que consigue que sea realmente tremendo y digno de subirlo a la red para la posteridad.

Siempre he pensado también qué pensarán esos niños cuando crezcan y vayan encorbatados a buscar trabajo y alguien les reconozca. Imaginemos el diálogo: “¡Ostras, si tú eres el que de pequeño casi se abre la cabeza en el tobogán!”, supongo que para algo deberán servir tantos K de visitas a este tipo de vídeos de menores, digamos, graciosos…

Descubrí que un grupo de amigos y colegas estaban de cena en Madrid, y tuve que sostenerme para no enviar el típico tweet de “Envidia sana, equipazo!!”.

Todo parecía ciertamente “normal” hasta que me dio por entrar en un compartido desde Periscope de un tweet que decía algo así como “Desde uno de los mejores rincones de Almería”. Confieso que fue cotilleo total, motivado porque justo ese fin de semana una amiga se iba con su marido a un hotel con encanto en la zona, y aunque el que compartió el Periscope no tenía, en principio, nada que ver con mi amiga y tan sólo compartía un grato momento de chiringuito y paella con su familia y amigos; la cuestión es que detrás de aquellas imágenes protagonistas pude ver a mi amiga en una magnífica tumbona azul marino, tomando el sol en tanga y topless.

Mi amiga, la que se jacta de no tener más vida que su intensa 1.0. Cuando le dije que “por culpa de Periscope” sus pechos eran una imagen pública, vino la parte más interesante. El típico debate que a muchos os sonará: “Me pongo en topless y tanga sólo con mi marido y sólo cuando no conozco a nadie de tooooda la cantidad de gente que hay en la playa mirando, pero si estamos con amigos la cosa cambiaa”. “Claro, claro – le dije yo – la cuestión es que ahora los amigos podemos estar mirando desde cualquier parte”.

Ya ni os cuento lo que se sorprendió cuando le pregunté si a ella, que seguro se envía mensajes amorosos con su esposo, no le sucede que recibe publicidad de escapadas de fin de semana, lugares con encanto para cenitas románticas e incluso de lencería.

Atónita me dijo que pensaba que sólo le pasaba a ella, y le expliqué que cada vez que usa Google o cualquier otro buscador, o Gmail, Youtube, o Chrome se van tomando nota de sus gustos, de su localización geográfica, de sus horarios, etc para irle proporcionando con sus propios datos más de lo que le gusta.

Para quienes todavía no lo conozcan, Periscope es una aplicación lanzada por Twitter recientemente que permite la transmisión de video en tiempo real y disponible durante 24 horas después de la subida, así como chatear con los usuarios que puedan estar visualizando la transmisión. Periscope además dispone de un botón de “Geo Tag” que permite descubrir el contenido según su localización física si quien lo comparte se encuentra geolocalizado.

El único control de privacidad que mantiene actualmente Periscope es nuestro, no de terceros. Me explico. Nos permite elegir si la transmisión la queremos hacer visible al público en general o sólo para los que nos sigan, lo que en relación a terceros no conocedores de su exposición de imagen, no es mucho la verdad.

Este experimento y reflexiones me conducen a pensar que el concepto de privacidad (Intimidad para nosotros como derecho fundamental) ha cambiado ya. Algo que habitualmente nos lleva a lamentarnos como si de una pérdida se tratara, tal vez tenga una lectura positiva, y es que quizás nos convirtamos en más responsables, más conscientes de cada una de nuestras acciones para preservar responsablemente nuestra intimidad dentro de lo divertido o profesional que puede ser diseñar nuestra “privacidad sociabilizada” también conscientemente.

Se tratará de ir teniendo un mayor control por parte del usuario de las TIC y por parte de todo ciudadano del 1.0 a sabiendas que otros usuarios de las TIC pueden captar (incluso inconscientemente) imágenes nuestras que quizás no autorizaríamos a compartir, ya que aunque debería hacerse, de hecho no se nos pide consentimiento expreso para ello, y las propias herramientas (al menos por el momento) no permiten nublar, extraer o pixelar la imagen de terceros que aparecen por detrás de nuestras imágenes y vídeos compartidos.

Curiosamente al respecto, la normativa sobre Protección de Datos de Carácter Personal no es de aplicación al tratamiento de imágenes por parte de personas físicas en el ejercicio de actividades exclusivamente personales o domésticas, es decir al realizado por una persona física en el marco de una actividad exclusivamente privada o familiar.

Esto puede llevarnos a pensar que en el caso concreto no se aplica al Periscope del chiringuito en Almería ya que parece claro que el tuitero estaba de paellita con su familia en la playa, luego en su ámbito familiar.

Sin embargo, la imagen de mi amiga hecha pública en la red es un dato personal que la hace identificable (Vale, llevaba gafas de sol y habitualmente no la identificaríamos en tanga y en topless, pero yo la identifiqué claramente) por lo que para su publicación, con la ley en la mano, debería pedirse su autorización o consentimiento, lo que sin duda no se iba a producir.

Reflexión: Cuando compartamos imágenes nuestras y de personas que consienten la exposición de su imagen en Internet, procuremos que no salga nadie más en la foto. Y ojo con compartir imágenes de menores a quienes debemos mayor protección y, en todo caso, el consentimiento de sus padres. Eso sí, cruzando los dedos de que no sean sus propios padres quienes están diseñando su identidad digital sin considerar qué opinarán sus hijos sobre ello tan pronto puedan diseñársela ellos mismos.

¿Nos convertiremos en responsables asumiendo que cada situación en la que nos veamos día a día puede ser conocida por cualquiera?

By |2017-04-17T21:18:13+00:00julio 16th, 2015|Blog, Conciencia digital, Derecho Digital, Identidad digital, Internet|4 Comments

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Abogado especialista en Derecho Digital y Tecnológico, seguridad de la información, Auditora jefe ISO 27000, protección de datos y Ciberseguridad, innovación, estrategia digital, marketing y comunicación #AlwaysON©

4 Comments

  1. Angel Flores 15/08/2015 at 11:13 am - Reply

    yo creo que no, que no seremos responsables de lo que subimos. Todo tiende a lo peor, y con tanta gente con smartphone en la mano y con tantísima app de divulgación inmediata esto se va a descontrolar. Las leyes tendrán que poner remedio a esto o de lo contrario estaremos allí donde no queremos estar sin nuestro consentimiento ni control.

  2. […] Es tal el uso y el abuso de la tecnología que en muchas ocasiones, quiero pensar que de forma insconsciente rozamos el absurdo. Recuerdo aquella noticia en donde unas jovenzuelas se quedaron atrapadas en una estación de metro y pidieron ayuda actualizando su muro de Facebook. El suceso, hace 6 años ya, me impactó mucho sobretodo en aquella época, pues el uso de las redes sociales no era como el de ahora. Ahora se etiquetan amigos en imágenes de Facebook o sube un video a la red y después se plantea si es ético que se vean imágenes de otras personas sobretodo en situaciones compremetidas. […]

  3. Álvaro Orts 22/08/2018 at 11:22 am - Reply

    En cuestiones de protección de datos podemos encontrar muchos artículos de compañeros, unos más doctrinales, otros más prácticos, etc. En tu caso me gusta cómo acercas estos temas al “terreno”. No hemos de perder de.vista a quién vandirigida esta normativa y para qué. Si no sabemos llegar a sus destinatarios difícilmente conseguiremos una verdadera cultura en materia de privacidad, que para mí ha de ser el pilar fundamental. Gracias!

    • Susana 23/08/2018 at 10:08 am - Reply

      Muchas gracias, Álvaro!! La verdad es que eso procuro: acercar los temas lo más posible a lo cotidiano para intentar aportar mi granito de arena a la tan necesaria concienciación.
      Muchas gracias de nuevo!

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