Loading...
  • Susana Gonzalez Derecho Digital y Tecnológico

    Susana Gonzalez

¿Cómo podemos mejorar nuestra comunicación?

¿Cómo podemos mejorar nuestra comunicación?

El éxito en comunicación es ser capaces de transmitir lo que pretendemos comunicar.

¿Quién no ha oído alguna vez a alguien decir que los abogados hablamos “raro”, que a menudo no se entiende lo que pretendemos decir? ¿Acaso no nos alejamos de aquello que no comprendemos o nos resulta inaccesible?

Susana González Ruisánchez Comunicación

Algunas pautas que pueden servirnos para flexibilizar nuestro lenguaje y mejorar nuestra comunicación

Será que algo nos queda por mejorar en este aspecto. Comunicar utilizando un lenguaje sencillo, comprensible, sin artificios, ni solemnidades, con toda nuestra capacidad de persuasión, gestos y entonación personales nos acerca más a expresarnos con eficacia, consiguiendo así que el mensaje sea recibido con la intención que pretendemos transmitir.

Como no somos todos iguales ni respondemos igual a los mismos estímulos, nuestra atención y trato a todas las personas tampoco suele ser igual. Por eso es importante estar preparados para comunicar de forma lo suficientemente flexible como para permanecer atentos a las respuestas que generamos cuando comunicamos.

Algunas pautas que pueden servirnos para flexibilizar nuestro lenguaje y mejorar nuestra comunicación:

  • Saber escuchar.

Para compartir y poner en común es necesario escuchar. Escuchar activamente, es decir, desde el punto de vista del que habla, con buena dosis de empatía para conocer qué es exactamente de lo que estamos hablando, que no siempre es lo que sentimos nosotros mismos hacia el mensaje o de lo que hablamos.

La empatía es una habilidad emocional capaz de proporcionarnos múltiples beneficios, y no es difícil hacerla crecer cuando practicamos y saboreamos sus bondades. Sin embargo, no siempre es fácil salir de nosotros mismos, de nuestro afán por imponer nuestra razón, nuestra versión de la verdad o perspectiva personal, para pasar a procurar sentir y valorar lo que la otra persona está sintiendo con lo que nos dice y entender así la verdadera intención de las palabras de su mensaje.

Un buen truco cuando estamos en fase de entrenamiento (tras un tiempo sale sólo) es imaginarnos en una burbuja transparente (también llamado “perspectiva a vista de águila”) en la que sólo podemos intentar poner toda nuestra atención por escuchar lo que nos dicen desde fuera, sin que a nosotros se nos oiga, e intentando así separar cualquier sentimiento propio de imposición de lo que pretendemos decir, frente a lo que queremos escuchar con cierto nivel de objetividad.

Para muchos todo esto de la escucha activa y la empatía les suena a “buenrollismo” exagerado, a dar la razón o estar de acuerdo con el otro por sistema, o a mostrarnos alegres o simpáticos como actitud vital. Yo no conozco a nadie que sea alegre y simpático las 24 horas.  Empatizar y escuchar activamente a alguien le conecta con nosotros con mayor fidelidad para mantener una más fluida comunicación. Escuchar activamente no es oír, es prestar atención a las palabras, a la entonación y sentimientos que subyacen de ellos para, partiendo de nuestra imposibilidad de ponernos en su piel, intentar pensar qué sentiríamos nosotros en su lugar con todos los datos de que dispongamos.

  • Encontrarnos a gusto con nuestros gestos. Cuidar la correspondencia entre la comunicación verbal y la no verbal.

Todos tenemos gestos que ayudan a enfatizar nuestra expresión. Tanto si los evitamos como si pretendidamente los exageramos se nota y se rompe el canal de comunicación distrayendo la atención. A la vez, estar atentos a los gestos y lenguaje no verbal de nuestro interlocutor, nos dará seguro la pista de si está interesado en cuanto le estamos contando.

Expresar una muestra de afecto con cara de asco no se recibe con afecto, vale más no decir nada. Mantener un contacto visual con nuestro interlocutor, al menos mientras sea posible y abrir nuestras manos al espacio de la conversación en lugar de cruzarnos de brazos, así como utilizar un tono y volumen de voz adecuados a la situación son, por ejemplo, algunas muestras gestuales que pueden trasladar a nuestro interlocutor que verdaderamente estamos en la conversación.

  • Usar una entonación adecuada y haciendo pausas (que no largos silencios).

Los buenos oradores nunca se quedan sin palabras, aun cuando también es complicado hacerles callar o que simplemente sean buenos escuchadores. Como en todo, el equilibrio es vital. Un largo silencio puede desestabilizar la comunicación y generar dudas. Si en algún momento perdemos el hilo o nos quedamos en blanco, basta un “me he perdido yéndome por las ramas”. Somos humanos, a cualquiera le puede suceder, y más cuando nos interrumpen. Confesarlo expresando sinceridad es la forma más directa de mantener un canal de confianza con nuestro interlocutor.

  • No utilizar palabras vacías de contenido y dar vueltas a lo mismo incesantemente sin verdaderamente decir nada.

Un buen comunicador tiene la capacidad de transmitir cuanto pretende, aportando datos, matices accesorios que pinten la conversación de colores a la par que mantiene el interés del interlocutor. Reiterarnos e irnos por las ramas aburre soberanamente. Y si lo sabemos, armemos nuestras conversaciones de concisión, datos, mensaje e intensidad personal, sin dar más vueltas.

  • Keep calm.

Dependiendo de las situaciones todos nos ponemos nerviosos. Si no estamos acostumbrados a hablar en público o, aunque sí lo estemos, si hablamos ante un foro que nos impone, nuestro sistema nervioso se defiende (o ataca!) pudiendo jugarnos malas pasadas. Es importante encontrar la opción de relajarnos y liberar esa tensión, muchas veces producida justo al comienzo.

En este caso un buen truco es hablarnos a nosotros mismos mentalmente, ya que somos nosotros quienes estamos padeciendo esa situación y quienes podemos controlarla. Muchas veces basta con decirnos “Ya está todo vendido”. Si has estado preparándote algo muy bien y de pronto justo antes te pones nervios@, pensar que ya se ha hecho todo lo posible por bordarlo, en lugar de intentar recordar palabras exactas que nos hagan titubear, nos ayudará a relajarnos y mostrarnos con total naturalidad. Curiosamente, cuando nos relajamos es cuanto vienen aquellas palabras exactas que estábamos buscando y además, lo hacen con tal rapidez que nos permite incorporar nuestra propia gracia.

Hablando de “gracias”, para romper el hechizo de un primer momento de tensión suele funcionar liberar tensión con algo de risa. No es fácil subir a estrados con aquella tensión en el ambiente, delante del juez, clientes y testigos y de pronto soltar una chiste. Tampoco es para contar chistes participar en una ponencia. Sin embargo, hay muchas formas de ayudarnos y ayudar a los demás a ponernos en ambiente con algo que al menos nos saque una sonrisa a partir de la que todo suele fluir. El punto entre la naturalidad y la payasada es de sentido común.

  • Especial atención hacia la mitad del mensaje.

En cualquier actividad que desarrollamos en un espacio temporal limitado, nuestra atención suele dibujar una curva que tiende a muy alta para disminuir en la parte central y volver a intensificarse cuando nos acercamos al final, aunque con menor intensidad. Es un buen truco procurar mimar la parte central de nuestros mensajes buscando mantener nuestra atención y la de nuestro interlocutor.

  • Parafrasear o reforzar palabras de nuestro interlocutor.

Cuando con nuestras propias palabras ayudamos a mantener la conversación resumiendo lo que estamos entendiendo de lo que nos dice nuestro interlocutor, por una parte mostramos que estamos efectivamente realizando una escucha activa; por otra que le estamos prestando atención y además, nos ayuda a entender si verdaderamente estamos captando el sentido de su mensaje sobre el que poder enfocar nuestra aportación.

Esto, que en teoría yo lo sabía y creía practicar, tuve que reforzarlo no hace mucho cuando uno de mis propios hijos, en medio de una conversación en la que yo parecía estar aun cuando realmente mi cabeza estaba “trabajando” en lugar de escuchándoles, en medio de la conversación de pronto me dijo “mamá, me compras un iphone?”. Está claro que durante un tiempo mis hijos no encontraron respuesta a lo que me decían y que yo estaba fuera de la conversación. Toque de atención que me recordó que parafrasear (desde con un “¿en serio?”, o “¿Quieres decir que te sentiste…?”, pasando por un “desde luego vaya plan..”, o allá cada cual también está en uso el consabido “osea, de verdad…” hasta el típico asentimiento con la cabeza) me ayuda a mantenerme justo en el aquí y ahora de una conversación.

  • Evitar rechazar por sistema.

Frente a todo anterior, al menos en mi opinión, existen unas prácticas que producen rechazo en las comunicaciones y no ayudan a mantenerlas con fluidez y conexión:

Interrumpir al que nos está hablando y/o hablar todavía más alto mientras él habla como si se tratara de una batalla verbal por ver quién gana en el uso de la palabra. Esta es una tendencia muy típica de las personas que siempre creen tener la razón. El problema es que sólo ellos creen eso.

Juzgar. Aun cuando nos pidan nuestra opinión, poder ser capaces de darla con cierta delicadeza es un buen consejo. No es fácil conseguir que nuestro interlocutor, sintiéndose juzgado, comprenda con sus sentimientos lo que nosotros decimos que haríamos en su lugar con los nuestros.

Responder siempre dando soluciones inmediatas. ¿Acaso nos pensamos que nuestro interlocutor es idiota y no ha barajado mil fórmulas para solucionar su problema? Quizás sólo quiera contárnoslo. Y si acude a nosotros en busca de una solución, no hay nada que derive en mejor resultado que mostrarnos dispuestos a ayudarle sin el típico “yo que tú…”, sino aportarle información que le plantee posibilidades de opción para ayudarle a que, en todo caso, sea él quien tome sus decisiones, procurando influirle al mínimo lanzándole nuestros prejuicios o soluciones.

 Discrepar de plano con lo que nuestro interlocutor nos dice. Muchas personas tienen el “no” por muletilla, aun cuando en muchos casos en realidad te están apoyando y dando la razón. Dices “hace un frío que pela esta mañana” y te contestan “Nooo… todavía va a hacer más frío por la tarde” (Ese “Nooo” inicial inconscientemente suele provocar el fin de la conversación!). O les dices, “me preocupa tal cosa” y te contestan “eso no es nada!”, o lo que es peor, si dices “he tenido un día horrible” y te contestan “pues yo…fíjate, esta mañana, bla, bla, bla!” (Es el conocido síndrome de “Y a mi también” lo que deriva en otra forma de dar fin a la conversación).

Nadie dice que sea fácil… ¿Y qué lo es?.

By | 2017-04-17T21:35:30+00:00 enero 19th, 2015|Blog|0 Comments

About the Author:

Abogado especialista en Derecho Digital y Tecnológico, seguridad de la información, Auditora jefe ISO 27000, protección de datos y Ciberseguridad, innovación, estrategia digital, marketing y comunicación #AlwaysON©

Leave A Comment